Cuenta la historia que las habitaciones de un hotel en Puerto Berrío alojaron celebridades como Cantinflas y Celia Cruz; los relatos más atrevidos narran que el coqueto paso del río Magdalena arrulló el sueño de algunos reyes de España. Sin embargo, de los tiempos dorados del célebre lugar queda muy poco, pues sus salones y corredores están ocupados hoy por hombres con camuflado que custodian el principal puerto en el Magdalena Medio de Antioquia.

El Hotel Magdalena, de nombre sencillo y fácil recordación, rinde homenaje a la principal cuenca colombiana y vivió su esplendor, su decadencia y su renacer durante el siglo XX. El historiador del pueblo, Rubén Mejía, indica que surgió como una necesidad derivada de la construcción del Ferrocarril de Antioquia, en la década de 1870.

“El ingeniero Francisco Javier Cisneros fue el que se dio cuenta que hacía falta. Aprovechando una colina cercana a la estación de tren, explanaron y levantaron el edificio en 1874, con paredes de madera y techo de zinc, instalaron angeo en puertas y ventanas, pusieron mosquiteros, y dejaron listas 48 habitaciones para los viajeros que llegaban en barco y pernoctaban para esperar el próximo tren”, cuenta.

Tal aspecto, con pisos de tierra, se asemejaba más a un establo que al edificio de concreto de colores amarillo ocre y crema, que hoy parecen un oasis en medio del deterioro que azota a las construcciones patrimoniales de la zona ribereña de Puerto Berrío.

Ese primer hotel, planeado como un lugar de paso y nada más, desaparecería a partir de 1908. Aunque según Mejía, el sitio al ser inaugurado alcanzó a aparecer en guías europeas para viajeros que necesitaban hospedaje al viajar a Colombia, y debían llegar hasta Puerto Berrío para luego ir de allí a Medellín o Bogotá.

“Luego, por las incomodidades del lugar, recomendaban a quienes venían por el río quedarse en los camarotes del barco y esperar los trenes de la mañana”, relata.

Comedor del Hotel Magdalena, donde se hacían las recepciones de matrimonios y eventos importantes. FOTO JULIO CÉSAR HERRERA

El esplendor

En las paredes del Hotel Magdalena, donde funcionan las instalaciones de la Decimocuarta Brigada del Ejército desde 1983, hay pinturas del maestro Orlando Castellanos que, en la primera planta, recorren la historia de Puerto Berrío, barcos, hidroaviones y las tradicionales actividades económicas del municipio: ganadería, minería y petróleo.

También, en el segundo piso, hay una galería de óleos que rememoran las grandes batallas de la independencia colombiana: Bárbula, Bomboná, Calibío y otras hazañas de los libertadores.

Las fotos a blanco y negro de los huéspedes, con vestidos y trajes de la época entre 1920 y 1960, decoran el comedor. El sargento Wilson Calderón, encargado de la función social que cumple la unidad militar asentada en el edificio, los muestra y señala que ese periodo de esplendor comenzó una vez finalizó la remodelación del lugar, en 1922.

El libro Río Magdalena, navegando por una nación, del Museo Nacional de Colombia, reseña que el hotel fue “una de las primeras edificaciones en concreto armado del país”, declarado bien de interés cultural por la Nación en 2004.

“Se convirtió en uno de los hoteles más prósperos y modernos de Colombia (…) fue el sitio preferido para las lunas de miel y escenario de las grandes orquestas: los Black Stars, los Hispanos y Lucho Bermúdez, acompañado por su cantante Matilde Díaz”.

Allí, Enrique Olaya Herrera lanzó su candidatura a la presidencia de Colombia, en enero de 1930, y también desfilaron, a lo largo del siglo XX, políticos como Jorge Eliécer Gaitán, Carlos Lleras Restrepo, Misael Pastrana Borrero y Alberto Lleras Camargo, así como la cantante argentina Libertad Lamarque.

Mejía, lector incansable de la historia de su pueblo, revuelca entre sus papeles y encuentra uno en el que aparecen los nombres de los ingenieros Neftalí Sierra y Sixto Mora, como los encargados de darle majestuosidad al cinco estrellas del Magdalena.

“Las obras costaron 100.000 pesos de la época y quedó con una capacidad para 100 pasajeros o huéspedes. Desde el comienzo fue administrado por el Ferrocarril de Antioquia y estaba dotado con servicio de energía generado por plantas eléctricas, máquina para hacer hielo, lavandería a vapor, una cava para los alimentos, salón de juegos, piscina y billares”, cuenta el historiador empírico.

En los documentos de los militares también agregan que había un zoológico y una pequeña plaza de toros conocida como “Arenas de Triana”.

“Dicen que Gabo (Gabriel García Márquez) se alojaba aquí y le servía de inspiración para escribir sus relatos”, comenta el sargento Calderón.

Tanto furor causó el hotel desde sus inicios, que sus instalaciones sirvieron en 1925 como locaciones cinematográficas. Allí se rodaron algunas escenas del primer largometraje colombiano Bajo el cielo antioqueño, escrita y producida por Gonzalo Mejía y dirigida por Arturo Acevedo.

Ambientación de una habitación, ahora para exhibición del Hotel Magdalena como museo. FOTO JULIO CÉSAR HERRERA

Reminiscencias

“Se decía que era más fácil que el río se devolviera a que faltaran las fiestas en el Hotel Magdalena, especialmente las de fin de año. Los habitantes esperaban con anhelo los pitos a media noche de los vapores enfilados en el puerto y del tren, para continuar el baile que era amenizado hasta por tres orquestas”, narra el libro del Museo Nacional.

Estos recuerdos y la sola mención de Puerto Berrío, causan en Juan Manuel Arbeláez que la piel se le ponga “arrozuda”. Sus padres, Guillermo y Gabriela Jaramillo, fueron administradores del hospedaje entre 1950 y 1957, y luego de 1964 a 1970.

“La gente se vestía de blanco. Las mujeres iban de pava, los hombres llevaban sombrero y zapatos blancos o combinados de negro y blanco. Las faldas de las mujeres eran amplias y vaporosas”, recuerda Arbeláez.

En el hotel nacieron algunos de sus hermanos, con quienes disfrutaba en la piscina, que dice era muy profunda y sin filtros, y no se compara con la pequeña pileta que tiene el Ejército hoy en el mismo lugar.

El impacto que sintió cuando visitó el hotel en los años recientes fue muy grande, pues aunque reconoce que el edificio está muy bien mantenido, gran parte de la mueblería que la unidad militar acondicionó como museo para evocar el pasado del lugar no es auténtica.

“Quizás lo pusieron para ambientar, pero no son las originales. Hay vajillas y objetos que les entregamos nosotros a la Decimocuarta Brigada para que los acomodaran en la habitación de muestra y el comedor”, comenta Arbeláez.

Zona de la piscina en el Hotel Magdalena en la actualidad y en la década de 1950. FOTOS JULIO CÉSAR HERRERA Y CORTESÍA EJÉRCITO

El adiós del hotel

El Puente Monumental, que fue un hito de la ingeniería en 1961, unió a Santander y Antioquia; sin embargo, también significó la decadencia del hotel. Sus cinco estrellas cayeron cuando los hidroaviones y los barcos fueron reemplazados por el transporte terrestre.

“Vendieron el Ferrocarril a la Nación, en 1963, y tres años después el hotel pasó a manos del hospital La Cruz, que lo alquilaba principalmente a ganaderos”, relata Rubén Mejía.

Por décadas, hasta los años 80, el Magdalena pasó de recibir celebridades y personajes ilustres a ser un inquilinato en el que, revela Mejía, iban saqueando los objetos y los muebles con los que contaba el hospedaje.

Mientras la pintura iba cayéndose y la estructura del edificio amenazaba ruina, la violencia de los grupos armados se apoderó de la región. Finalmente el Departamento decidió entregarlo en 1983 para que allí se instalara el Ejército, que necesitaba una base más cercana a Antioquia para controlar la zona y tenía su asentamiento más próximo en Cimitarra (Santander).

Así fue que el hotel dejó de serlo, y aunque anualmente invierten cerca de 20 millones de pesos para conservarlo en buen estado, allí solo quedan oficinas, en las que trabajan en el día cerca de 50 personas-y en la noche duermen 12 militares.

“Tenemos que luchar contra la humedad del municipio, que a veces alcanza los 35 grados centígrados. Hay que estar pendientes porque la pintura sufre mucho con el clima”, explica el mayor Hernán Yesid Reyes.

En algunos puntos del edificio se evidencia el vaho que produce el vapor del ambiente; no obstante, la fuerza de su fachada y sus interiores, bien mantenidos, resaltan sobre el resto del pueblo, que parece olvidarse de su patrimonio.

Muchas cosas dejaron de pasar en Puerto Berrío: el tren, los grandes barcos, los hidroaviones y los huéspedes del Hotel Magdalena. El que siempre pasa es el río. Junto a este permanece el edificio que guarda el eco de las historias de expresidentes, cantantes, actores y tantos otros personajes, dentro de sus paredes.

Interiores del Hotel Magdalena (arriba) y fachada de la ahora unidad militar y casa museo de la Decimocuarta Brigada del Ejército. FOTOS JULIO CÉSAR HERRERA

El Hotel Magdalena, en Puerto Berrío, es ocupado por la Decimocuarta Brigada del Ejército, que lo conserva en buen estado. Fue declarado bien de interés cultural de la Nación en 2004.

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